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Retrato de John B. Watson
Imagen: Wikimedia Commons

John B. Watson

1878–1958 · psicólogo estadounidense, fundador del conductismo

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Primeros años

John Broadus Watson nació el 9 de enero de 1878 en Travelers Rest, Carolina del Sur. Su padre, Pickens Butler Watson, era alcohólico y abandonó a la familia para vivir con dos mujeres indias cuando John tenía trece años, una transgresión que el hijo nunca perdonó. Su madre, Emma Kesiah Watson, de soltera Roe, era una mujer muy religiosa que observaba estrictas prohibiciones contra la bebida, el tabaco y el baile. Confió a su hijo a un duro entrenamiento religioso, con la esperanza de que llegara a predicar el Evangelio, y ese adiestramiento le dejó una antipatía duradera hacia todas las formas de religión, hasta convertirse en ateo.

Para escapar de la pobreza, la madre vendió la granja y trasladó a la familia a Greenville, en Carolina del Sur, una ciudad de unos 8.000 habitantes. El cambio, de un entorno rural aislado a una población más numerosa y variada, resultó decisivo: le permitió observar a personas de muy distintos tipos, material que más tarde utilizó para desarrollar sus ideas psicológicas. La adaptación inicial, sin embargo, fue difícil, pues sus habilidades sociales eran escasas. Las fuentes también recogen que sostuvo opiniones racistas más extremas que las habituales de su tiempo, y que llegó a ser arrestado por delitos de odio contra personas afroamericanas en la zona de Greenville, de los que solo le libró la influencia de su madre en la iglesia bautista local.

Formación en Furman y Chicago

Pese a su bajo rendimiento y a dos arrestos durante el instituto, uno por pelear y otro por disparar armas de fuego dentro de los límites urbanos, Watson consiguió ingresar en la Universidad Furman de Greenville a los dieciséis años gracias a los contactos de su madre. Allí cursó algunas asignaturas de psicología sin destacar, trabajó en el campus para costearse los estudios y fue considerado por sus compañeros un alumno callado, perezoso e insubordinado. Aun así, por su precocidad, obtuvo el máster a los veintiún años.

Tras graduarse pasó un año como director, conserje y encargado de todo en el Batesburg Institute, nombre que dio a una escuela de una sola aula en Greenville. Después solicitó personalmente al rector su admisión en la Universidad de Chicago, petición que resultó determinante para su carrera, porque allí entró en contacto con profesores y colegas que le ayudarían a convertir la psicología en un campo de estudio creíble. Por recomendación de un profesor de Furman, empezó estudiando filosofía con John Dewey. La combinación de la influencia de Dewey, James Rowland Angell, Henry Herbert Donaldson y Jacques Loeb le llevó a elaborar un enfoque muy descriptivo y objetivo del análisis de la conducta, al que más tarde llamaría conductismo. Deseoso de hacer la psicología científicamente aceptable, concibió este enfoque casi como una declaración de fe: la convicción de que un método adecuado podría convertir la psicología en una disciplina científica. Más adelante se interesó por la obra de Iván Pávlov y acabó incluyendo una versión muy simplificada de sus principios en sus obras de divulgación.

Su tesis doctoral, obtenida en Chicago en 1903 y titulada «Animal education», fue uno de los primeros estudios científicos modernos sobre la conducta de la rata blanca. En ella describió la relación entre la mielinización cerebral y la capacidad de aprendizaje de las ratas a lo largo de su desarrollo. Permaneció cinco años en Chicago investigando la relación entre los estímulos sensoriales y el aprendizaje, y comprobó que el sentido cinestésico regulaba la conducta de las ratas que recorrían laberintos. En 1908 aceptó una cátedra en la Universidad Johns Hopkins, donde fue enseguida nombrado director del departamento de psicología.

El manifiesto conductista

En 1913 publicó el artículo «Psychology as the Behaviorist Views It», conocido también como el manifiesto conductista, que se presentó como una disertación en la Universidad de Columbia. En él definió la psicología como una rama puramente objetiva y experimental de las ciencias naturales, cuyo objetivo teórico es predecir y controlar la conducta. La introspección no formaba parte esencial de su método, y el conductista no reconocía frontera alguna entre el hombre y el animal. Watson desplazó así el énfasis de los estados mentales internos hacia la conducta externa y las reacciones ante cada situación, única vía, a su juicio, para una observación objetiva. Esta perspectiva, junto con ideas como el determinismo, el continuismo evolutivo y el empirismo, dio lugar a lo que suele llamarse conductismo metodológico, que no debe confundirse con el conductismo radical de Skinner.

Watson sostuvo que, antes de Wilhelm Wundt, no había psicología propiamente dicha, y que después de él solo había confusión; el nuevo conductismo debía abrir una era distinta. Rechazaba el estudio de la conciencia por considerarla inaccesible y por entender que los intentos previos solo habían entorpecido el avance de la disciplina. Propuso que la psicología dejara de ser la ciencia de la «mente» para ocuparse de la conducta del individuo. El artículo también defendió con firmeza el carácter científico de la psicología aplicada, entonces considerada muy inferior a la psicología experimental estructuralista. Watson reconocía en el reflejo condicionado de Pávlov, al principio, sobre todo un mecanismo fisiológico que controlaba las secreciones glandulares, y rechazó la ley del efecto de Edward Thorndike por considerar innecesarios sus elementos subjetivos. Solo en 1916 reconoció la significación más general de la formulación de Pávlov, y ese tema fue el de su discurso como presidente de la Asociación Psicológica Americana.

Investigación y experimentos

El conductismo de Watson se apoyó en experimentos con animales y con niños. Con Harvey A. Carr realizó el experimento conocido como «Kerplunk», y con Rosalie Rayner llevó a cabo el más polémico de sus estudios, el del «pequeño Albert», en el que se buscaba condicionar un temor a un niño pequeño. Watson también se ocupó de la crianza de los niños y de la publicidad, ámbito que consideraba una aplicación natural de sus principios. Fue editor de la revista Psychological Review entre 1910 y 1915. En una encuesta de 2002 publicada en la Review of General Psychology figura como el decimoséptimo psicólogo más citado del siglo XX.

En cuanto a su famosa afirmación de que, con una docena de niños sanos y un entorno controlado, podría formar a cualquier tipo de persona, el propio Watson la reconoció como una exageración.

Vida privada y el fin de su carrera académica

Mientras cursaba el posgrado se casó con Mary Ickes, hermana del político Harold L. Ickes, con quien tuvo dos hijos, también llamados John y Mary Ickes Watson. Más adelante su esposa pidió el divorcio a raíz de su relación con una estudiante, Rosalie Rayner. Al registrar el dormitorio de la joven, Mary encontró cartas de amor de Watson. El caso se convirtió en noticia de portada en Baltimore, y la publicidad llevó a la Universidad Johns Hopkins a pedirle que dejara su cátedra en octubre de 1920.

Apartado de la universidad, se dedicó a la publicidad como psicólogo de las agencias John Walter Thompson y William Esty Company. Tras el divorcio, se casó con Rayner en Nueva Jersey en 1921. Tuvieron dos hijos, William Rayner Watson y James Broadus Watson, criados según los principios conductistas que él defendió siempre. La pareja vivió unida hasta la muerte de Rayner en 1935, a los treinta y seis años. Después, Watson se apartó de sus círculos sociales y se retiró a su granja de Connecticut.

Últimos años y muerte

Watson quemó buena parte de sus cartas y papeles personales, lo que privó a los historiadores de una fuente valiosa para entender los orígenes del conductismo. El historiador John Burnham lo entrevistó hacia el final de su vida, y lo describió como un hombre de opiniones firmes y cierta amargura hacia sus detractores. En 1957, poco antes de morir, recibió la Medalla de Oro de la Asociación Psicológica Americana por sus contribuciones a la disciplina. Murió en 1958, a los ochenta años, y fue enterrado en el cementerio de Willowbrook, en Westport, Connecticut.

Legado

La influencia de Watson en la historia de la psicología es indiscutible. Su artículo de 1913 se considera el acta fundacional de la escuela conductista. Aun así, el conductismo como corriente no habría sido posible sin los trabajos de Pávlov, que formuló el condicionamiento clásico o respondiente, y de Thorndike, padre del condicionamiento operante, cuya influencia sobre Burrhus Frederic Skinner sería decisiva. El mérito de Watson fue iniciar una escuela mediante un manifiesto que enunciaba de forma explícita los puntos que debían seguir quienes se considerasen conductistas, con un énfasis en la conducta observable y en la relación entre estímulo y respuesta.

Ideas clave

  • Conductismo: la psicología debe estudiar la conducta observable, no la conciencia.
  • Predicción y control: el objetivo de la psicología es predecir y controlar la conducta.
  • Rechazo de la introspección: los informes subjetivos no constituyen un método científico fiable.
  • Continuidad entre especies: no hay una frontera clara entre el ser humano y el animal en el estudio del comportamiento.

Curiosidades

Una frase exagerada

Watson sostuvo que, con una docena de niños cualquiera y técnicas de modificación de conducta, podría formar a cualquier tipo de persona, pero él mismo admitió que era una exageración.

Un experimento polémico

Con Rosalie Rayner realizó el experimento del pequeño Albert, uno de los estudios más controvertidos de su carrera.

De la universidad a la publicidad

En 1920 la Universidad Johns Hopkins le pidió que dejara su cátedra tras hacerse pública su relación con Rayner, y después trabajó como psicólogo en el ámbito publicitario.

Maestros e influencias

Maestros

Influyó en

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