
Paul Ricœur (Valence, 1913 - Châtenay-Malabry, 2005) fue un filósofo francés conocido por combinar la descripción fenomenológica con la hermenéutica, es decir, con la teoría y el arte de la interpretación. Su pensamiento se sitúa en la misma tradición que el de otros fenomenólogos hermenéuticos, como Husserl o Gadamer, y sigue siendo una referencia para quien quiera entender cómo se produce y se recupera el sentido de un texto.
Nació en una familia protestante devota, minoritaria en la Francia católica. Perdió a su padre en la Primera Guerra Mundial, cuando tenía dos años, y creció en Rennes con su tía y sus abuelos. Estudió filosofía en la Sorbona, donde le influyó Gabriel Marcel. En 1939 fue movilizado y, tras la invasión alemana de 1940, pasó cinco años como prisionero de guerra. En el campo de detención se organizaron clases y lecturas de gran rigor, y allí leyó a Karl Jaspers y empezó a traducir las Ideas de Husserl.
Tras la guerra enseñó en Estrasburgo y en 1950 defendió su doctorado con una tesis menor, la traducción de las Ideas I, y una tesis mayor, Lo voluntario y lo involuntario. En 1956 obtuvo la cátedra de Filosofía General en la Sorbona, donde escribió Freud y filosofía y El simbolismo del mal. Su etapa en la recién fundada Universidad de Nanterre (1965-1970) quedó marcada por las protestas de Mayo del 68. En 1970 se trasladó a la Universidad de Chicago, donde escribió La metáfora viva y la trilogía Tiempo y narración.
Su idea central es lo que llamó «hermenéutica de la distancia». Entre el autor y el lector existe una separación que hace necesaria la interpretación. Al fijarse por escrito, el discurso se desliga de la intención de quien lo escribió y adquiere cierta independencia. El lector se encuentra con el mundo que el texto propone y debe apropiárselo, aplicando su significado a la propia vida. Para Ricœur, interpretar significa recuperar el sentido, no solo descifrar palabras.
También se ocupó de lo que denominó «los maestros de la sospecha»: Marx, Nietzsche y Freud, que cuestionan la conciencia inmediata. Ricœur aceptó su crítica sin renunciar a la búsqueda de sentido. En ética antepuso la pregunta por la vida buena a la de las normas morales, y propuso vivir «con y para el otro», tomando la amistad aristotélica como mediadora y acudiendo a Levinas para los encuentros que no son amistosos.
Su influencia llegó a la antropología y a las ciencias sociales, donde Clifford Geertz y John B. Thompson recogieron su legado. Recibió el Premio Balzan en 1999 y el Premio Kioto en 2000. Murió en 2005 en su casa de Châtenay-Malabry, cerca de París.
Ideas clave
- Hermenéutica de la distancia: entre el autor y el lector hay una separación que hace necesaria la interpretación.
- Autonomía del texto: al fijarse por escrito, el discurso se independiza de la intención de su autor.
- Apropiación: interpretar consiste en extraer el sentido del texto y aplicarlo a la propia existencia del lector.
- Ética de la vida buena: la pregunta por el sentido de la vida precede a la de las normas, y apunta a vivir «con y para el otro».
Curiosidades
Un padre hallado tarde
El cuerpo del padre de Ricœur, dado por desaparecido en 1915, no apareció hasta 1932, cuando un campo fue arado y los restos se identificaron por sus placas.
Un campo con títulos
En el campo de prisioneros donde estuvo Ricœur, las lecturas y clases fueron tan rigurosas que el gobierno de Vichy lo acreditó como institución capaz de otorgar títulos universitarios.
Un asistente futuro presidente
Entre 1999 y 2001 tuvo como asistente editorial al joven Emmanuel Macron, que trabajó en la bibliografía de su libro La Mémoire, l'histoire, l'oubli.
Maestros e influencias
Maestros
- Gabriel Marcel 1889–1973
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