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Retrato de Agustín de Hipona
Imagen: Wikimedia Commons

Agustín de Hipona

354–430 · teólogo y filósofo cristiano de la Antigüedad tardía

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Agustín de Hipona (Tagaste, 354 – Hipona, 430) fue un teólogo y filósofo cristiano del norte de África romano, obispo de Hipona y una de las figuras más influyentes de la historia del pensamiento occidental. Pertenece a la Antigüedad tardía, en el momento en que el cristianismo se convertía en religión oficial del Imperio y la filosofía griega, sobre todo el neoplatonismo, se fundía con la fe cristiana. Es considerado uno de los grandes Padres latinos de la Iglesia, y su obra marcó buena parte del pensamiento medieval y de las discusiones teológicas posteriores.

Nació en Tagaste, en la provincia romana de Numidia, en una familia de origen bereber muy romanizada. Su padre, Patricio, era un pequeño propietario pagano, y su madre, Mónica, una cristiana devota a la que la Iglesia venera como santa. Estudió gramática en Madaura y retórica en Cartago, donde se entregó a una vida de placeres y mantuvo una relación estable con una mujer de la que tuvo un hijo, Adeodato. En su juventud se sintió atraído por el maniqueísmo, aunque nunca llegó a iniciarse plenamente en esa doctrina. La lectura del Hortensio de Cicerón despertó en él el amor por la sabiduría y la búsqueda de la verdad, que sería el hilo de toda su vida.

Enseñó gramática en Tagaste y después retórica en Cartago, y más tarde en Roma y Milán, donde obtuvo una cátedra de prestigio. En Milán se acercó a los sermones de Ambrosio y a los libros neoplatónicos, y en 386 se convirtió al cristianismo. Poco después renunció a su carrera y se retiró con algunos amigos a una vida de estudio y oración. Fue ordenado sacerdote en Hipona y más tarde obispo de esa misma ciudad, cargo que ejerció hasta su muerte en 430, mientras el Imperio romano de Occidente se desmoronaba y los vándalos sitiaban la región.

Su pensamiento se articula en torno a la búsqueda de Dios y al conocimiento de uno mismo. Su obra Confesiones, escrita como un diálogo con Dios, es considerada la primera autobiografía de la cultura occidental y explora la memoria, el tiempo y la inquietud del corazón humano. En La Trinidad abordó la unidad y la distinción de las personas divinas, una reflexión que influyó en la forma en que la Iglesia formuló el dogma trinitario. En su obra más extensa, La ciudad de Dios, respondió a quienes culpaban al cristianismo de la caída de Roma y propuso dos comunidades humanas, la ciudad terrenal y la ciudad celestial, distintas por su amor. Sostuvo que la libertad humana depende de la gracia divina, y su defensa del pecado original y de la gracia lo convirtió en referencia central de las discusiones posteriores sobre la salvación. También contribuyó a la teoría de la guerra justa y a la reflexión sobre la validez de los sacramentos.

Su influencia alcanza a casi todas las épocas de la teología cristiana. En la Edad Media fue el autor más citado en numerosos ámbitos, y en la Reforma protestante, Lutero y Calvino se apoyaron en sus textos sobre la gracia. Sigue siendo santo para la Iglesia católica, la ortodoxa, la luterana y la anglicana, y es patrón de la Orden de San Agustín. Su pensamiento sigue discutido hoy, sobre todo en la filosofía de la mente, la ética y la teoría política.

Ideas clave

  • Búsqueda interior de Dios: la verdad no se alcanza solo fuera de nosotros, sino que se encuentra en el interior del alma, donde habita Dios.
  • Gracia y libertad: la voluntad humana necesita la gracia divina para inclinarse hacia el bien, y de ahí su defensa de la salvación por gracia.
  • Pecado original: la inclinación al mal se transmite desde Adán y afecta a toda la humanidad, un punto clave de su antropología.
  • Las dos ciudades: la historia humana se entiende como la lucha entre la ciudad terrenal, movida por el amor a sí mismo, y la ciudad de Dios, movida por el amor a Dios.
  • Tiempo y memoria: el tiempo existe en la mente como distensión del alma entre la memoria, la atención y la expectativa.

Libros para leer

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Curiosidades

Las peras robadas

En las Confesiones relata cómo, siendo niño, robó peras de un huerto junto a unos amigos sin tener hambre. Reflexiona sobre aquel episodio como su primera idea del pecado.

Hijo de las lágrimas

Agustín se llamó a sí mismo «el hijo de las lágrimas de su madre», en alusión al sufrimiento que le causó su alejamiento del cristianismo.

Maestros e influencias

Discípulos

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Influyó en

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